Abordaje psicológico dentro de una pandemia


Para reflejar dinámicamente la incidencia que tiene un fenómeno de alcance masivo y de consecuencias potencialmente desvastadoras para la vida humana como la actual Pandemia producida por el virus SARS-COV2, elaboraré este artículo describiendo los síntomas psicológicos generados en un estado de confinamiento o aislamiento social.


PD: Todas las referencias que se harán dentro de este artículo están fundamentadas en un estudio científico, el cual pueden encontrarlo en adjunto. Fuente: Cyrus SH, Cornelia YI, Roger CM. Mental Health Strategies to Combat the Psychological Impact of Coronavirus Disease 2019 (COVID-19) Beyond Paranoia and Panic. Ann. Acad. Med. Singap. 2020 March; 49(3): 155-160.


Personas en aislamiento:

Una pandemia es un fenómeno con características muy particulares, las cuales variarán en función al virus que se propaga, la velocidad de propagación, las vías de contagio y las consecuencias para la salud, así como también los factores de riesgo para contraerlo.


Sin perjuicio de lo anterior, la variable que es común denominador a casi la mayoría de pandemias es la del confinamiento o aislamiento social, puesto que configura la primera respuesta en activarse con el objetivo de frenar o desacelerar la velocidad de propagación del virus entre la población.


Si bien el aislamiento social puede significar una medida eficaz para mitigar el impacto del virus en la salud pública, puede resultar también un gatillador de problemas en la salud mental. Según el estudio llevado a cabo en Singapur, se hace referencia a una encuesta llevada a cabo en China durante los primeros días del brote, en esta se encontró que el 53.8% de encuestados afirmaron que el impacto psicológico del brote era moderado-severo, el 16.5% reportó de moderados a severos los síntomas depresivos, el 28.8% reportó de moderado a severo en relación a síntomas de ansiedad, y finalmente un 8.1% reportó de moderado a severo los niveles de estrés.


La evidencia ha demostrado (no sólo con el brote de COVID-19, sino también en el pasado brote de H1N1, SARS y otras) que diferentes psicopatologías pueden desencadenarse o agravarse debido a diferentes sentimientos y percepciones producidos en los individuos, como por ejemplo: miedo, desesperanza, culpa y otros generados por el aislamiento social.


El mayor riesgo del aislamiento social está en dos frentes bien diferenciados. Uno de ellos puede agravar síntomas de ansiedad generalizada, mientras que el otro puede agravar o suscitar síntomas de depresión.


En el primero caso (ansiedad), ésta es generada debido a que producto del confinamiento y aislamiento social, el individuo incrementa la cantidad de patrones de pensamiento circulares que no tendría en condiciones normales, es decir, aparece la famosa "rumiación". La rumiación se manifiesta como pensamientos (por lo general negativos) recurrentes sobre un mismo tema, el problema no son los pensamientos en sí, sino las emociones o sentimientos derivados, los cuales se manifiestan como culpa, miedo y desesperanza en quien los manifiesta.


El segundo caso corresponde a la depresión. Si bien existe la depresión mayor como trastorno psiquiátrico de fondo, y que esta requiere de un diagnóstico, existen también síntomas depresivos menos agudos que podrían generarse en una persona en estado de aislamiento social o confinamiento y que nunca antes ha sufrido de síntomas depresivos. ¿Por qué se producen estos síntomas? El estudio mencionado sugiere dos posibilidades:


  1. Depresión por miedo y desesperanza frente a la posibilidad de que la salud propia o la de nuestros seres queridos puede agravarse. A esto se le suma el hecho de que no hay un tratamiento accesible para todos.

  2. El otro caso sería la prevalencia de síntomas depresivos derivados de una afectación de la rutina diaria de las personas. Es necesario recalcar que el efecto que tiene una rutina, o mejor dicho una estructura de tareas y eventos que ocurren diariamente con cierta normalidad, es vital para la salud mental del ser humano. Una rutina nos brinda estabilidad y predictibilidad necesarias para sentirnos bien y productivos. Todo cambio sustancial en nuestra rutina puede generar ansiedad y, si se prolonga en el tiempo (como es el caso), depresión.

Pero como este blog busca generar buenas noticias, este artículo no podía ser la excepción; es por ello que también es preciso comentar acerca de los tratamientos más exitosos para abordar problemas de ansiedad, depresión y estrés generados durante esta pandemia. El estudio al que nos remitimos al inicio revisa los dos métodos más eficientes: Terapia Cognitivo-Conductual y Terapia Mindfullness


La Terapia Cognitivo-Conductual es precisa para abordar de manera racional los pensamientos limitantes o disfuncionales que podría presentar el individuo a fin de construir cognitivamente esos pensamientos de forma más saludable y positiva. Por otro lado, desde el punto de vista conductual, esta terapia busca brindarle estructura y orden a la rutina o esquema de actividades diario de las personas con la finalidad de encuadrar un propósito y objetivos diarios que incrementen la motivación y sentido de seguridad.


De otro lado, la terapia de Mindfullness está orientada a generar calma y sosiego a través de actividades como la meditación o técnicas de respiración-relajación con el objetivo que la persona puedan focalizarse en el aquí y ahora en lugar de proyectarse hacia un futuro incierto que es muy común en el marco de un fenómeno global como la pandemia que pone en riesgo la economía, salud pública y vida personal y familiar.


En las siguientes publicaciones de Mente&Cuerpo abordaremos con mayor detalle ambas terapias, sus ventajas y desventajas, y cuándo elegir una por sobre la otra al momento de tratar con un paciente.






CYRUS MENTAL HEALTH
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